The Velvet Underground (1969)

Autor: Patrick Vidal

El tercer álbum de estudio de The Velvet Underground es su disco homónimo y se publicó en marzo de 1969. Este disco supone un cambio de registro musical notable respecto a los anteriores trabajos de la banda. Si bien es un sonido que se relaciona directamente con ellos, este sonido es distinto al que se escuchaba en el perfecto The Velvet Underground and Nico o en el genial White Light/White Heat, es un sonido nuevo que forma parte del afán de reinvención de la banda. Hasta este tercer disco cada uno es diferente al anterior y, sin embargo, todos suenan a la Velvet. En el año 1969 ya no está John Cale -le sustituye casi de inmediato Doug Yule, un buen bajista por recomendación de Sterling Morrison-, y algunos osados se han atrevido a decir que este es un disco en solitario de Lou Reed con una banda de acompañamiento. No es precisamente así, es un disco 100% de la Velvet en cuanto a todo. Es cierto que el protagonismo de Lou se muestra aquí más como una isla que en los anteriores álbumes y uno de los egos más nutridos -John Cale- ha desaparecido, pero la guitarra de Sterling Morrison y la batería de la gran Tucker se muestran con una personalidad arrolladora que le dan empaque al disco. Se trata de un disco redondo, Lou Reed dijo que era su primer gran intento como compositor por crear “un todo homogéneo”, un disco de rock en su estado más amplio. En cuento al mencionado sonido, vamos allá, comienza la primera canción de la Cara A.

Candy Says es la mejor presentación de lo que será un sórdido y gozoso viaje hacia el corazón del rock. Escuchamos una guitarra que produce un sonido dulce hasta el extremo. Aquí canta un desconocido hasta ahora, Doug Yule. Se atisba un punto de tranquilidad inquietante, con un impresionante silencio que precede a un coro celestial y fantasmagórico. Es una canción cuyos renglones expresan los avatares de un travesti, Candy Darling. Viene al recuerdo Nico, que con esa voz tan característica podría haber intervenido perfectamente en este tema. What Goes On es la segunda canción que escuchamos y posee un ritmo delicioso, con un órgano sugestivo y un solo de guitarra de sonido crudo pero excesivamente limpio. Es un solo magnífico, potente y que consigue, junto a todos los demás instrumentos, el milagro musical, es decir, que todo funcione y que no se sepa exactamente por qué. Some Kinda Love, cuyo sonido envolvente consigue casi hipnotizar, posee un trasfondo blues y folk muy claro, el ritmo es siempre el mismo, pero es un ritmo contagioso. Y llegamos a Pale Blue Eyes, uno de los mejores temas del disco. Derrocha calidez y delicadeza, tanto en la música como en la lírica. Y es que la letra la compuso Lou Reed para una novia que tuvo cuando iba a la Universidad de Syracuse. ¿Cómo consiguen ese sonido de guitarra? ¿Por qué la guitarra ha funcionado siempre en la Velvet como deleite de todo el conjunto? No hay palabras. Y para cerrar la Cara A, Jesus, totalmente cristiana. Dicen que los únicos creyentes de la banda eran el manager Sesnick y la batería Maureen Tucker. De alguna manera se requirió de la moral cristiana para aludir a un sentimiento de deseo de escape. Jesus como profeta y salvador, como mesías. Jesus como apoyo y comprensión, como elemento para eximir los pecados. Es una canción cuyas palabras sencillas no ocultan una profundidad moral asombrosa de Lou Reed como poeta. Los coros son casi gospel en su estado más puro.

Al darle la vuelta al vinilo escuchamos Beginning To See The Light, una canción notabilísima. Posiblemente la más destacada del álbum y una de las más destacadas de todo el repertorio de la velvet. El gran secreto que la encumbra como obra maestra absoluta son los cambios de ritmo, solo al alcance en alguna ocasión por bandas como Led Zeppelin o The Rolling Stones. La base de batería es ineludible para la historia del rock, y la voz desgarrada en este caso de Lou Reed transmite esencia, esencia de rock. Repito, el cambio de ritmo acorde a toda la instrumentación -concretamente la línea de bajo de Doug Yule, por ejemplo, es excelente- es esencial para comprender la música de la década de los 70. I’m Set Free es un prodigio, la voz de Lou y la batería de Tucker se encuentran por encima, pero además, el sonido cuasi acústico de la guitarra se dirime entre un crescendo y un decrescendo durante los minutos que dura esta maravilla, a excepción de un solo de guitarra tan exquisito como insólito hacia el minuto tres. That’s the Story Of My Life sirve como aviso de que estamos en la parte final del viaje, llegando a nuestro destino. Es de corta duración y de ritmo optimista, diría que alegre, con una instrumentación, como siempre, sobresaliente. Casi es una introducción de contraste para The Murder Mystery, el gran legado que queda de John Cale para este álbum. Y no es porque participe en la canción de ninguna manera, sino porque es el corte más experimental del álbum. El órgano se observa especialmente por encima de los demás instrumentos; las voces suenan por todas partes, voces fantasmagóricas -la voz de Maureen Tucker se hace totalmente necesaria en este caso-. De una lírica siniestra y oscura, tanto que parece la banda sonora de alguno de los pasajes más espeluznantes del gran Edgar Allan Poe, es una auténtica genialidad. La musicalidad y el ritmo -con un increíble cambio de registro hacia la parte final- contiene la capacidad de trasladar a otro lugar al escuchante y llevarlo por paisajes musicales de toda clase. Y para salir de este letargo, de este mundo distinto, para entrar poco a poco en la “realidad“, suena After Hours, que es un dulce despertar acústico en falso directo de la mano de la voz de Tucker y de la guitarra de Sterling.

Este tercer trabajo de la Velvet consolida la idea de que esta banda vive en el exceso y del exceso. Después de White Light/White Heat, con un sonido crudo, estridente, sucio y limpio a la vez, todo distorsión, tenemos con The Velvet Underground un sonido limpio pero que no deja de ser crudo. La diferencia radica en la perspectiva. La Velvet como conjunto supo tener perspectiva, que es lo más importante si se quiere cambiar una estructura -en este caso la escena rock- por otra. Aquí utilizó la misma idea que en los anteriores álbumes, pero con un enfoque diferente. En esencia es exactamente lo mismo, solo cambia el sonido, pero siempre será ese sonido crudo, sincero e irrepetible de la Velvet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s