Vintage Violence, de John Cale (1970)

Autor: Patrick Vidal

Justo el mismo año de la publicación de Loaded por parte de la Velvet y un año después de que saliera a la luz The Velvet Underground -tercer trabajo de la Velvet y primero sin J. Cale-, el que fuera bajista, compositor y hacedor de ese sonido que poseía la Velvet con él entre sus filas y que procedía de su maravillosa viola eléctrica y su bajo sorprendió con un trabajo musical melódico, fresco y picante. Bajo el nombre de Vintage Violence salió a la luz el primer trabajo reconocido de John Cale en solitario. Rodeado de músicos de una gran capacidad (Harvey Brooks al bajo, Sanford Konikoff a la batería, Ernire Coralla a la guitarra, Garland Jeffreys también a la guitarra y siendo vocalista, Stan Szelest al piano y teniendo como productor junto a Cale a John McClure) nació uno de esos discos inolvidables por la impronta y la calidad que atesoran. Hay que recordar que por estos años John Cale estaba muy activo en su trabajo -siempre lo ha sido- produciendo discos como The Stooges (1969) -a la postre primer disco de los Stooges de Iggy Pop- y haciendo algunas colaboraciones como la que haría un año después con Terry Riley con el trabajo de música minimalista experimental Church of Anthrax (1971). Situados ya en el contexto, vamos a por el disco en cuestión.

La Cara A comienza con Hello There, que rompe con la estética Velvet, adentrándonos en un pop delicado, de una limpieza y cadencia musical ostensibles. Se atisba la influencia del piano en el estilo de todo el álbum en general, y en este corte no iba a ser menos. Gideon’ Bible recuerda -como en otros momentos más en el disco- a ese pop-rock inglés de principios de los ’70 de la mano de genios como Syd Barrett (miembro de Pink Floyd, una de las mejores bandas de todos los tiempos). Excepcional canción, imbuida de nostalgia, delicadeza y una instrumentación copulativa en todos los sentidos. Y después de que suene Adelaide, con unos inconfesables orígenes que beben del blues y el folk-rock clásico, llega uno de los mejores momentos del álbum, Big White Cloud. Aquí podríamos hablar de Big White Cloud como el símil de lo idílico. Se trata de esas canciones en las que el tiempo se escapa, huye de nosotros. El deseo es que perdure para siempre esa melodía, ese piano y ese violín que, lejos de retumbar, se pasea por nuestra capacidad auditiva. Es un ritmo tranquilo, una forma de sentir la música única que muestra la hipersensibilidad musical de John Cale. Y después de esto, Cleo, donde predomina el órgano, unos coros que se intuyen femeninos y una guitarra de sonido cristalino. Y la Cara A termina con Please, donde se aprecia ese característico eco que se muestra durante gran parte del álbum. Es un tema tranquilo, ideal para disfrutar con una pinta de cerveza local en un Pub donde la soledad cohabite con la soledad de otros, donde todos se exponen a un momento del día que el alma pedía con alaridos asfixiantes.

Charlemagne abre la Cara B, en la que el bajo y el piano sostienen magníficamente el ritmo de todos los sonidos y la voz de Cale está insuperable. Y a una revitalizante y con retazos country Bring It On Up le sigue Amsterdam, otro de los mejores momentos del disco junto al de Big White Cloud. Amsterdam es de una belleza cruda, tanto por ser acústica como por la lírica, en la que se echa de menos a una chica de la cual el protagonista de la canción está enamorado. Muestra una gran resignación reconociendo que el viaje a Amsterdam le hará mucho bien aunque ya no pueda estar con ella. Y llega Ghost Story, bajo mi punto de vista, el mejor corte del Lp. El ritmo legendario de la canción, sostenida por un órgano de otro mundo y la voz de Cale, que canta casi recitando, hacen de este un tema clave en la historia del POP con mayúsculas. Posee un cambio en la estructura hacia el final que certifica todo lo recién escrito acabando por cierto de una forma única, desafiando las leyes de la velocidad del sonido. Y llegamos al final con Fairwheather Friend, una pieza de rock n’ roll puro y sincero. Los riffs, los punteos y los rasgueos de guitarra la delatan.

Después de escuchar Vintage Violence se saca una conclusión más fuerte que el roble: que estamos ante la Catedral del Pop. Comparar la iglesia de Notre-Dame de París, la Sagrada Familia de Barcelona, Il Duomo de Milano o la catedral de San Basilio de Moscú con esta obra -haciendo el símil musical- no es ninguna exageración. Este disco de John Cale -que no hay que olvidar que fue su álbum debut- le certifica como un artista del “renacimiento”. John Cale es un Leonardo da Vinci o un Orlando di Lasso del S. XX. El prestigioso escritor y comentarista de rock Ed Ward dijo que Vintage Violence suena “como un álbum de The Byrds producido por Phil Spector y marinado durante seis años en Borgoña, anís y chile”. Está bien, pero yo diría simplemente y sin tanta pomposidad que Vintage Violence es un vino que ha estado en barrica bien cuidado por diferentes generaciones durante 4 siglos y desde 1970 se puede proceder a su cata siempre que se desee.

Gideon’s Bible

Hello There

PD. Hoy más que nunca queda justificada nuestra categoría del blog “Degustaciones”.

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