Swanlights, de Antony and the Johnsons (2010).

Autor: Patrick

Es la primera vez que hago esto, me explico. Swanlights, el último álbum de Antony and the Johnsons, lo había escuchado, pero canciones sueltas. Aún no me había puesto los cascos para escucharlo tranquilamente todo seguido. He decidido compartir esos momentos con el lector. Ahí va.

El LP del grupo neoyorquino comienza con Everything is New, unos minutos de música en los que el piano y la voz de Antony Hegarty es lo que predomina. La prodigiosa voz de Antony repite continuamente la frase que da título al disco. Unos gemidos susurrantes se alargan y se funden con violines, y entonces es cuando llegan algunos exquisitos punteos de guitarra. Este tema me parece en su conjunto muy decadente, combinando esa decadencia con el lujo y la delicadeza más prominente. Delicadeza es un buen adjetivo para lo que va de álbum. Y ha juzgar por la siguiente canción, The Great White Ocean, parece que las sospechas se reafirman, ya que delicadeza vuelve a ser el adjetivo apropiado. De fondo se escucha algo que no sé si identificar con un violín o con una viola. Se trata de una nota mantenida hasta el infinito, muy al estilo The Dream Syndicate. Ghost es el tercer corte del álbum, en el que existe un tono orquestal más acentuado que en los dos temas anteriores. No sabría decir exactamente el por qué ahora mismo, pero Ghost me ha encantado. Curiosamente es de los pocos temas que no los ha compuesto Antony en solitario, sino que ha requerido de la colaboración de Nico Muhly. Escucho I’m in Love. Se incorpora en cuanto a instrumentos algo de percusión, pero no una batería al uso, sino algo más clásico. Un órgano, palmas e instrumentos de viento -diría que una flauta- le dan una riqueza a la canción que la convierten realmente en unos tres minutos y medio realmente preciosos. Violetta dura 36 segundos, y debe servir algo así como para introducir la siguiente, la que da título al disco, Swanlights (luces de cisne). Una canción que sorprende porque empieza con la música al revés, como si le diéramos vueltas al vinilo en sentido contrario. El efecto sónico es maravilloso y desconcertante. Una auténtica maravilla, con golpeos suaves de guitarra distorsionada y con la voz de Antony emitiendo sonidos hipnóticos. Voy por la mitad de la canción y me estoy dando cuenta de que es una pasada, literalmente. Aparecen numerosos instrumentos y veo una influencia máxima de aquel controvertido disco de Lou Reed, Metal Machine Music (1975). Magnífica canción.

Parón para cenar y mucha cerveza después…

Proseguimos con The Spirit Was Gone, una canción dedicada a Kazou Ono, un bailarín de Buto y modelo a seguir de Antony, como él mismo reconoció. El baile Buto o también llamado danza hacia la oscuridad merecería capítulo aparte, ya que se trata de un baile que pretende expresar el cuerpo de posguerra, inspirado en el efecto moral y estético de la 2ª Guerra Mundial en Japón y especialmente por lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki. Se trata de unos tres minutos a piano y a voz, algo que es un denominador común en este trabajo. Thank You For Your Love destaca por el sonido de una guitarra eléctrica cristalina y una batería más usual. Creo que a Antony le encantan las melodías perfectas, la belleza hecha sonido. La veracidad de la expresión musical es lo que Antony and the Johnsons reivindican con cada segundo de su disco. En este mismo tema se pueden escuchar más instrumentos que se suman a los iniciales, ya que va in crescendo. Y llega Flétta, en la que canta Björk junto a Antony. Canción preciosista e idóneo dueto. El piano vuelve a ser el fondo, y este mismo, como si se tratase de una batería, cambia el devenir de la pieza guiando a las voces. Encaramos el final del camino con Salt Silver Oxygen, que retoma el aire orquestal que se perdió algunas canciones atrás. En este corte colabora en la composición Nico Muhly, como en Ghost. El registro vocal de Antony y las flautas es lo más destacable que, junto a la lírica imaginativa, crean una atmósfera de cuento. Y terminamos con Christina’s Farm, la canción más larga del disco, unos 7 minutos donde el piano y la voz se funden en uno y poco a poco se van añadiendo sonidos procedentes de lugares lejanos, del mismo infinito, donde todo resulta extraño y desconocido.

Swanlights me ha parecido un buen álbum. Lleno de historias extrañas e inquietantes, tanto como su sonido. La pimera impresión que tengo es que el piano y la voz son, en este disco, una misma persona, y todo lo demás viene de añadido. Todo el LP son casi 50 minutos, una buena cifra para un LP, con 11 canciones, algo correcto y nada especial por otra parte. La primera parte del disco hasta Swanlights me ha parecido superior a la segunda parte. Es decir, lo que podríamos llamar la Cara A es superior a la Cara B. Y concretamente me quedo con temas como Ghost y la misma Swanlights. Hasta esta misma canción el disco es sobresaliente. Escuchando este disco, Swanlights, rememoraréis momentos que creíais que no habían existido, lugares y paisajes inconmensurables. Si lo escucháis os encontraréis dialogando cara a cara con la belleza. Vuestra mirada se dirigirá a ella.

Ghost

Thank You For Your Love

The Spirit Was Gone

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