Transformer, de Lou Reed (1972)

Autor: Patrick Vidal

En diciembre de 1972 se publicaba el segundo álbum de estudio de Lou Reed (RCA Records) después del disco Lou Reed, que se lanzó ese mismo año pero unos meses atrás, en junio. Al contrario que el primer trabajo de Lou Reed en solitario, Transformer conquistó al público y se colocó en puestos respetables en las listas de ventas (29 en US y 13 en UK), algo a lo que Lou Reed no estaba acostumbrado y que tanto anhelaba. Transformer contó con la inestimable ayuda de David Bowie en la producción y colaboró en algunos aspectos musicales como es el caso de algún coro -Satellite of Love-. Otra persona destacable en este sentido es el nombre de Mick Ronson -el que fuera guitarrista en algunos trabajos de David Bowie- que aparte de colaborar en la producción junto al Duque Blanco, toca para este disco el piano -fundamental- y la guitarra -impresionante aportación en temas como Vicious-. Los integrantes restantes que jugaron un papel importante en Transformer son Herbie Flowers -bajista-, John Halsey -batería- y Ronnie Ross -toca el saxo en Goodnight Ladies y Walk on the Wild Side. No obstante, participaron más músicos.

El álbum abre con Vicious, uno de los temas más destacables. Es un inicio arrollador, enérgico, con una guitarra sucia y cien por cien eléctrica en el sentido más amplio de la palabra, un ritmo único y una voz de Lou Reed con tono desenfadado. Andy’s Chest está dedicada a Andy Warhol, y es de una calidad excepcional, próxima al glam rock. Qué decir, mantiene ese inicio arrollador de Vicious. Y con Perfect Day no es que se mantenga la tendencia del disco, sino que la eleva hasta el infinito. Perfect Day no es un himno, es algo más. Es una voz interior, unos violines y un piano que salen de dentro y que poseen un efecto retroactivo. El crescendo de Lou Reed al decir “Oh such a perfect day, you just keep me hangin’ on” (Oh, es un día tan perfecto, me alegro de haberlo pasado contigo) es imprescindible para que el sentido auditivo se regocije de placer. Y después de la tranquilidad inquietante que aporta Perfect Day -algunos dicen que Lou Reed se refiere a la heroína, sobre todo por palabras como estas: “estoy colgado por ti […] me has hecho olvidarme de mi mismo […] creí que era otra persona, una buena persona”- llega Hangin’ Round, el cuarto corte del álbum, que con unas esencias de rock antiguo en cuyo trasfondo se sitúa el blues, y un ritmo endiablado con los aportes de un piano fundamental, el álbum sigue en lo más alto y mantiene alerta al catador de música. La Cara A cierra con Walk on the Wild Side, uno de los -ahora sí- himnos del rock por antonomasia. Se trata de una lírica, una instrumentación y un ritmo sublimes, únicos. Vocalmente magistral, al igual que los coros, y el ritmo de la canción es posiblemente uno de los mayores hitos de la historia contemporánea de la música. Es estimulante el hecho de que en este tema aparece en la lírica la travesti Candy Darling -que ya aparecía en la canción Candy Says que abría el disco The Velvet Underground (1969)-: “Candy vino desde Long Island, en el cuarto trasero todos se la tiraban, pero nunca perdió la cabeza mientras la estaba mamando. Dijo, eh, chico, date una vuelta por el lado salvaje…”.

Al darle la vuelta al vinilo escuchamos Make Up, donde destaca la voz de Lou, que muestra un registro grave y susurrante; además la presencia de la tuba le da a Make Up un aire de cabaret fundido en glam. Satellite of Love es un título emblemático cuya historia viene de años atrás, cuando Lou Reed se encontraba en The Velvet Underground. Es decir, Satellite of Love ya existía antes, aquí Lou Reed le da un nuevo aire que se amolda a la perfección a la estética sónica y estilística de Transformer. Wagon Wheel contiene una base de blues incontestable y, aún no se ha escrito, pero el bajo es extraordinario en todo el disco, sobresaliendo en el momento justo. Y entramos en la parte final del LP con New York Telephone Conversation, un tema del todo inquietante, con estética de club neoyorquino con señoritas bailando con sombreros aterciopelados sobre un elegante escenario. I’m so Free es una canción casi de celebración y supone el grito de “Soy tan libre!”. Y el álbum termina con Goodnight Ladies, que suena totalmente a despedida. Es de una melodía exquisita con viento incluido. “Buenas noches señoras, señoras buenas noches, es hora de decir adiós”.

Tranformer es uno de los mejores trabajos de Lou Reed y un disco emblemático en la historia del rock. Un equipo de trabajo capitaneado por David Bowie y Mick Ronson aproximan a Lou Reed al glam, caracterizado en este caso por una producción impecable y unos temas que podrían ser derivados de alguno de los mejores álbumes de Bowie, pero con la voz y la pluma de Lou Reed, lo que jamás puede dar mal resultado, muy al contrario, el resultado de esa fórmula solo puede ser sobresaliente, como es de hecho Transformer, el disco que “transformó” y enderezo a un Lou Reed que colmaría de perlas su carrera en solitario.

Perfect Day en Prozac Nation.

Perfect Day en directo (1998).

Vicious

Deliciosa versión de Vicious en un directo de Düsseldorf (2000).

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