Concierto Roger Waters The Wall en Madrid. Un ejercicio de Rock apabullante.

Autor: El Bueno, El Feo y El Malo. Artículo compartido. 1ª Parte: Patrick Vidal. 2ª Parte: José Carlos

Las expectativas eran no altas sino altísimas. Cuando piensas en un directo de Roger Waters -ex-líder y compositor mayoritario de una banda como Pink Floyd- con toda la banda que lleva detrás, con nombres como Snowy White -guitarrista que ya colaborara para Pink Floyd en el disco Animals y, sobretodo, en la gira The Wall 1980-81- las expectativas no pueden estar más altas. Además de todo eso te enteras de que Dave Kilminster -excepcional guitarrista que ya trabajó para Waters y que tiene por labor suplir las partes en las que Gilmour toca la guitarra- se encuentra detrás del asunto, y que el que montó el escenario de la gira The Wall de hace 30 años, Mark Fisher -también organizó el escenario de la gira de U2 360º que comenzó en 2009-, es el mismo que el que organiza el show The Wall 2010-11 y que va a utilizar una ultimísima tecnología para estos conciertos. Tampoco se puede obviar la presencia de gente como Jon Carin -teclista y productor de excepción que participó activamente en álbumes como A Momentary Lapse of Reason (1987) o en giras como la de P.U.L.S.E (1994).

Pero si algo se ha demostrado es que por mucho que se lea sobre esta gira, por muy altas que sean las expectativas, por mucho que sepas que Roger Waters se ha esforzado enormemente en clases de canto para llegar al nivel o superar el nivel vocal de antaño, por muchas leyendas urbanas que existan sobre un supuesto playback en el directo, la impresión con la que se sale del concierto es apabullante, casi delirante y absolutamente indescriptible, sabiendo, en mi caso, que he podido experimentar una experiencia marciana, de otro tiempo.

Sentados en la fila 2 de uno de los laterales (2ª Planta) del Palacio de Deportes de Madrid un viernes día 25 de marzo nos disponíamos a contemplar uno de los mayores espectáculos de rock que se pueden ver y oír hoy en día. Relativamente cerca del escenario los murmullos antes del concierto eran de gran curiosidad por lo que iba a suceder y hablábamos sobre las canciones elegidas por Roger Waters antes de su show. No hay teloneros pero suena Mother del disco John Lennon/Plastic Ono Band (1970) justo después de que estuviéramos comentando lo mucho que le encanta este disco a Roger y, concretamente, Mother, la primera canción del disco, con alguna similitud de fondo con el tema Mother del The Wall (1979). En los prolegómenos también sonó Bob Dylan o Sam Cooke. De repente se anuncia que el show comenzará en pocos minutos, y pasados esos minutos comienza el espectáculo.

Primer Acto

In The Flesh? sonaba con una calidad indecible, los sonidos se escuchaban a 20 a 10 a 5 y a 1 metro de distancia, por la izquierda, por la derecha, por todos lados te sorprendía ese sonido único. Fuegos artificiales y después de observar que todo era perfecto -que la voz de Roger y todos los instrumentos poseían un sonido totalmente floydiano- un avión cruza el pabellón en diagonal, pasa justo por delante de nosotros y se estrella contra una parte del muro explotando y saliendo fuego de él. Sinceramente, a partir de ese momento entré en trance. En The Thin Ice se pudo observar que Robbie Wicoff, el vocalista que hace las partes de Gilmour, puede cubrir con grandes garantías su hueco. No tiene el mismo registro de voz que Gilmour y eso es bueno porque significa que a Roger no le obsesiona calcarlo. Lo que ocurría en escena no es descriptible fielmente, para entender lo majestuoso que es este directo solo es posible la asistencia a tal espectáculo. Another Brick In The Wall I sirve de puente para que The Happiest Days Of Our Lives y Another Brick In The Wall II nos lleven a uno de los momentos catárticos del concierto. Sale el muñeco gigante del profesor, moviéndose y con dos focos rojos a modo de ojos. Se suceden las proyecciones en el muro -aún sin levantar-, a menudo con temas anti-belicistas.

Y entonces llega Mother, uno de los mejores momentos. Nos avisa el Sr. Roger Waters de que Mother será grabada para que figure en un posible DVD de la gira. Ojalá salga en el DVD! ¿Quién no desea comprar un DVD de un concierto y poder decir “aquí estaba yo”? Además, una película es proyectada en el muro y en la pantalla circular del fondo del escenario aparece Roger Waters de joven cantando e interpretando Mother. Y se le oye!, canta al mismo tiempo que el Roger del presente. Es, sin duda, uno de esos lapsos de tiempo en los que la emoción colma el alma. En cuanto a las proyecciones, genial todas ellas: recuerdo una en la que ponía Big Brother tachando la “b” y la “r” y sustituyendo estas letras por la “M” para sugerir un Big Mother, con cámaras de seguridad alrededor. El muñeco gigante de la madre aparece a la izquierda del escenario y viene Goodbye Blue Sky, uno de los grandes momentos visualmente hablando. No lo voy a explicar porque me parece una pérdida de tiempo, solo diré que colabora a que se permanezca en trance durante un tiempo indeterminado.

La música en general sigue siendo de una calidad cum laude, y los aviones proyectados en el muro tiran como si de bombas se tratasen los símbolos que han provocado y provocan nuestra nefasta historia actual, llena de hipocresía, guerras y muerte. Goodbye Blue Sky empalma con Empty Spaces y What Shall We Do Now?, impresionante, con los dibujos de Scarfe, que ya se utilizaron en otras ocasiones, como en el directo de Berlín de 1990 o en la película The Wall (1982), y con incorporaciones visuales que quitan el hipo. Cada vez hay más ladrillos en el muro y suena la sugerente Young Lust, una canción que, ya se sabe, es muy rockera y posee una línea de bajo bestial. Y en One Of My Turns la guitarra y la voz de Waters se adentran en la capacidad auditiva con un placer desmesurado. Y entonces aparece ligada la presencia de uno de esos grandes momentos, el de Don’t Leave Me Now. Aquí me gustaría hacer un alto en el camino. A ver, como lo diría, es decir: ¿Por qué Roger Waters está en uno de sus mejores momentos vocales a sus 68 años? Es impresionante la voz que tiene y en la sentida Don’t Leave Me Now se puede apreciar. Sin duda este es uno de esos puntos en el directo en el que la piel se eriza. Y ya terminando con este primer acto antes de la intermisión nos deleitamos con una explosión después de observar en las proyecciones de un muro ya prácticamente levantado -a excepción de unos huecos para que se puedan ver a algunos músicos- como se rompen los cristales de lo que puede sugerir una TV durante las noticias de política. Es Another Brick in the Wall III. Visualmente sigue siendo indescriptible la espectacularidad. En The Last Few Bricks el muro se va deshaciendo y derribando por partes virtualmente, y en Goodbye Cruel World aparece Waters en el único hueco del muro que queda, para que cuando acabe susurrando el último “Goodbye” el muro quede levantado completamente y sin huecos.

Segundo Acto

Con el muro totalmente levantado, sin fisura alguna y con el primer acto terminado la palabra Intermission, es decir, descanso, se apodera de todo el muro. Antes de empezar con la segunda parte del concierto, Roger y su banda se toman un descanso de veinticinco minutos. En este necesario periodo de descanso, en el cual nos recuperamos del shock sonoro y visual, se pueden contemplar víctimas de la guerra, instantáneas de caídos que lucharon o no en actos bélicos (no importa la época), víctimas del ayer que predicen los caídos del mañana. El mensaje antibelicista de The Wall y de Roger Waters queda patente de forma clara y real, de la forma más cruda posible, como rezaba el último corte del álbum The Final Cut (1983) de Pink Floyd, “Enemigo y Amigo, Todos éramos igual al final”.

Por el altavoz del pabellón nos anuncian que el concierto se retomará en cinco minutos, el segundo acto empezará con un muro entre el público y la banda. Pasados esos cinco minutos y de forma rápida y directa, las luces se apagan y suenan los primeros acordes de guitarra de Hey You, primer corte del segundo acto de The Wall. La ejecución es perfecta y la emoción e intensidad del concierto va en aumento, la separación del público con la banda es total. Roger Waters, estando al otro lado del muro, nos dice en Hey You que “El muro era demasiado alto, como puedes ver”, sin lugar a dudas era así. Is There Anybody Out There deja ver dos fisuras (momentáneas) en el muro con sus dos guitarras acústicas dominantes, sumergiéndonos en un pasaje sonoro delicado y trascendental, un perfecto telón para las cuatro siguientes canciones. Nobody Home nos sumerge aun más en la historia de Pink, en la historia de The Wall, con un Roger Waters sentado sobre una plataforma que sobresale del muro simulando un salón. Contemplando en televisión imágenes de guerra nos narra su desesperación con una voz limpia y desgarrada, el momento más teatral de lo que se llevaba de concierto. Una vez cerrada la plataforma y con el muro otra vez cerrado, sin fisuras, empieza el tema más emotivo de todo el concierto, Vera. A lo largo de esta canción nos muestran unas proyecciones en el muro de niños reencontrándose con sus padres venidos de la guerra. Y de niños es el siguiente tema, de forma seguida y con Roger Waters al otro lado del muro, visible al pabellón, interpreta Bring The Boys Back Home con unas orquestaciones pregrabadas pero sinceras y convincentes. La voz de Roger va en aumento, desgarrándola hasta el límite, rezando con los brazos en alto que vuelvan los niños a casa. Comfortably Numb es la siguiente, un himno imperecedero de la música, un tema clásico poseedor de uno de los mejores solos de guitarra de todos los tiempos. Este es uno de los temas que una persona espera escuchar en directo a lo largo de su vida, todo un sueño cumplido. La expectativas ante este concierto eran altas al igual que las expectativas hacia este tema, todos, repito todos, tenemos en mente al gran David Gilmour cuando pensamos en Comfortably Numb por lo que sería difícil imaginarnos a otra persona en lo alto del muro tocando uno de sus mejores solos. Por suerte, Dave Kilminster es un privilegiado con la guitarra y sin llegar a la copia vacía y efímera interpretó un solo de guitarra memorable siendo fiel al espíritu del tema sin llegar a ser pretencioso.

Roger estaba entregado, cruzando de lado a lado todo el muro, cantando e interpretando con gestos las partes que no cantaba, está claro que The Wall es su obra, la que más siente,la más personal. Una vez terminada Comfortably Numb y sabiendo que presenciamos un momento inolvidable el show tenía que continuar, no pueden existir las relajaciones por lo que The Show Must Go On (El Espectáculo Debe Continuar) puso la relajación que hacía falta para digerir el momento vivido anteriormente, con unos coros fabulosos. In The Flesh nos golpeó en la cara con todas las provocaciones sonoras y escénicas posibles. Con una puesta en escena fascista Roger, totalmente uniformado, señalaba si había algún maricón en la sala, o un judío, incluso negros, todo un alarde de corrección y lírica penetrante. Bajo la atenta mirada del cerdo con colmillos que sobrevolaba el Palacio de los Deportes nos deleitamos con un sonido excelente y unas proyecciones propias de otro siglo. Run Like Hell emepezó con unas palabras por parte de Roger Waters, provocaciones que acabarían por convertirse en gritos y en consecuencia en el inicio de uno de los temas de la noche. En Run Like Hell pudimos ver al británico más entregado y comunicativo con el público, pidiendo palmas a todo el Pabellón al ritmo de la música. La ejecución rozó la perfección, con un sonido directo y limpio, y una puesta en escena futurista gracias a todo el espectáculo visual que tomaba el muro.

Waiting For The Worms nos transportó al pasado, un pasado bañado de dibujos de martillos, muchos martillos marchando como si de un ejército apocalíptico se tratara. El sonido volvía a ser inmejorable, toda la banda estaba perfectamente acompasada, sin imperfecciones, la conjunción del sonido con el apartado visual nos hacía entrar en trance a todos los asistentes. Tras la desesperación de Waiting For The Worms llega Stop, una composición realmente corta pero sincera y memorable, el perfecto puente para el tema más teatral del álbum y del concierto. The Trial posee una importancia vital en la historia del álbum y por consecuencia en el directo, es por ello que es interpretada por Roger Waters completamente solo sobre el escenario apoyándose sobre las maravillosas proyecciones de Gerald Scarfe en las cuales se muestra el juicio al que es sometido el personaje central del álbum, Pink. En dicho jucio Roger Waters adopta el rol de todos los personajes de la historia (Fiscal, Maestro, Esposa, Madre y Juez) elevando el tema a la categoría de teatro operístico de alto kilaje. Ante un desgarrado y coreado por todos “Tear Down The Wall” el muro se desvaneció sobre el escenario, toda la masa de ladrillos perfectamente estructurada se destruyó en cuestión de segundos, dejando todo el escenario desnudo ante todo el público, expuesto ante los semejantes presentes en el Pabellón.

Después de la caída del muro, hubo que esperar varios minutos para ver otra vez a la banda por completo para interpretar el último tema, Outside The Wall, en clave acústica, interpretada por toda la banda en primera línea del escenario con el muro ya caído sobre sus pies con Roger Waters tocando la trompeta al inicio del tema. Una vez terminada Outside The Wall el concierto llegaba a su fin, antes de abandonar todos el escenario Roger presentó uno a uno a todos los miembros de la banda, marchándose del escenario de forma ordenada no sin antes recibir una calurosa ovación del Pabellón. El último en abandonar el escenario, lógicamente, fue Roger Waters llevándose el calor extremo del público presente, gozando el inglés de lo que había vivido y visto, una audiencia agradecida por el recital ofrecido, una audiencia que nunca olvidará el muro, The Wall, Roger Waters y la teatralidad operística-rock ofrecida el 25 de Marzo de 2011 en el Palacio de los Deportes de Madrid.

The Wall es una obra atemporal, imperecedera en el tiempo. Adoptando figuras de la ópera y del rock se convierte en un álbum imprescindible y referente en cuanto a la influencia que tuvo, tiene y tendrá en las generaciones posteriores. The Wall no es solo un álbum, no son canciones y melodías que rimen para agrado del público, no son ritmos sin sentido y coros fáciles de memorizar. The Wall es una perfecta radiografía sonora de lo que el ser humano y la sociedad puede hacer y hace sin escrúpulos. The Wall somos todos, nadie se escapa de la red lírica-sonora que Roger Waters confeccionó a finales de los setenta, el muro no es ajeno a nadie.

Lo que está haciendo Waters ahora, con la vuelta de The Wall, es un ejercicio de conciencia, un recordatorio de que los muros existen y bloquean la vida de cada ser humano, la vida de una sociedad o una población. Con un mensaje antibelicista claro, se apoya en esto para extrapolarlo a todos los parámetros del ser humano de una forma poética, teatral y musical.

Roger Waters nos presenta en este tour un The Wall reformado en el envoltorio, con una tecnología futurista, aplicada al apartado visual y, obviamente, al sonoro. Un muro contemporáneo imprescindible de ver y disfrutar. La mejor manera de experimentarlo es asistir a uno de sus shows ya que la crónica escrita o visual no consigue ser una aproximación de los experimentado en vivo en un concierto de esta gira. Pink Floyd, en este caso, de la mano de Roger Waters vuelve ha paralizar el mundo de la música, dando la sensación que todo empieza y acaba en Pink Floyd.


3 Respuestas a “Concierto Roger Waters The Wall en Madrid. Un ejercicio de Rock apabullante.

  1. Daniel Marcano

    Excelente artículo Patrick, tanto como el concierto. Una pena lo de la orquesta programada pero bueno.

    Solo una cosa, el concierto fue el 25 de marzo de 2011.

    Un saludo y suerte.

  2. Marcano, el artículo es compartido. La mitad lo he escrito yo y la otra mitad José Carlos. Gracias.

    PD. Y la errata, corregida.

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